Los ojos azules de Don Juan Vicente, el padre de Simón Bolívar, sonreían de contento a los invitados. Los íntimos penetran hasta la alcoba de Doña Concepción, madre por cuarta vez, a pesar de su juventud, cuya hermosura resplandece entre encajes, sobre un lecho alto, severo, de cuatro columnas salomónicas y aparatoso baldaquín de brocado.

El Nacimiento de Simón Bolívar

Una tarde del mes de julio de 1783, se congrega numeroso concurso en la casa del Coronel Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte y de Doña Concepción Palacios y Blanco, su esposa. Los salones, de muebles de caoba y tapizados en oscuro, pesados espejos y cortinones de damasco, lucen abiertos. Llegan personas de calidad: el señor Obispo, el Señor Oidor, el señor Conde, el señor Marqués, el señor Coronel. Circulan los esclavos negros con bandejas de refrescos. Viste Don Juan Vicente calzón corto, casacón dieciochesco y zapatones bajos. Es un hombre alto, delgado, narigudo, de labios apretados.

En la cuna, entre espumas de encajes, duerme el infante. Es un recién nacido que se parece a todos los recién nacidos. Se acerca un sacerdote a quien todos abren paso: Don José Félix de Xerez y Aristeguieta, presbítero que va a honrar al nene, bautizándolo él mismo, con aquiescencia del cura parroquial.

El nombre de Simón Bolívar

—¿Qué nombre le ponemos, Juan Vicente? pregunta Don José Félix.

—Simón—responde el padre—. Como usted sabe, es nombre tradicional en nuestra familia. Ya hemos rememorado en nuestros hijos otros nombres de abolengo entre los Bolívar: tenemos Juan, tenemos Antonio (María Antonia). Nos faltan Luis y Simón.

El niño Simón Bolívar tiene dos madres en aquel momento: su madre por naturaleza y una joven dama española, amiga de Doña Concepción. Esa joven y bella dama española lo está criando a sus pechos. Esta generosa madre española se llama Doña Luisa Mancebo de Miyares. Ha nacido en Cuba. Es esposa del Coronel español Don Fernando de Miyares, Gobernador de Maracaibo por el Rey a principios del Siglo XIX y, más tarde, Gobernador o Capitán General de Venezuela.

Esta nodriza ocasional del niño—cuarto hijo de Doña Concepción—espera que de a luz Hipólita, negra esclava de la familia, que va a amamantar definitivamente al infante.

De esta bella manera describe Rufino Blanco-Fombona, el nacimiento de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios el 24 de julio de 1783, quien sería el Libertador de cinco Naciones y Padre de la patria venezolana, en su magnífica biografía: Mocedades de Bolívar, que editó la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación Nacional en su colección Historias y Biografías de la Biblioteca Nacional Venezolana—Serie Azul—el año 1945,que fue hecha  en la imprenta Balmes de Argentina.

El notable  escritor Arturo Uslar Pietri hizo para el Diccionario de Historia de Venezuela una maravillosa síntesis de su vida y obra. “Miraba el continente, escribió,  como una unidad y llegó a expresar en documentos luminosos y todavía plenos de validez, las más vastas y penetrantes concepciones sobre su realidad y sus posibilidades futuras. La novedad y profundidad de su pensamiento estaban servidas por un excepcional don de expresión.”

—Lo que realizó  en su no larga existencia es desmesurado; lo que dejó como pensamiento político y visión de futuro americano es incomparable y, en su mayor parte, actual…Más que por todos los exaltados títulos que recibió en vida como general de los ejércitos, jefe supremo, presidente de repúblicas se le conoció como el Libertador y como tal sigue vigente en lo más alto de la conciencia del mundo americano.

Simón Bolívar enviuda, muere Maria Teresa

En otra parte, Uslar, de su magnífica pieza señala:

No solo comanda las acciones de una guerra difícil y empecinada contra el imperio español, sino que crea las formas y las instituciones para una nueva organización de toda Hispanoamérica. Perdió a su padre a los 3 años y su madre a los 9. Simón Bolívar Quedó por algún tiempo al cuidado de su abuelo Feliciano Palacios y de sus tíos maternos, junto con sus dos hermanas y su hermano Juan Vicente.  No tuvo una infancia feliz ni una educación sistemática. Entre sus maestros ocasionales figuraron hombres distinguidos y particularmente, Simón Rodríguez y Andrés Bello. En 1799, muerto el abuelo,  resolvieron los tíos enviarlo a España a realizar estudios. Recibió la educación de un joven de clase alta de la época: lenguas extranjeras, danza, matemáticas, equitación, historia.

Conoce a María Teresa Rodríguez del Toro, sobrina del marqués del Toro, se enamora apasionadamente y decide casarse. Viaja a las provincias vascongadas y hace una primera y corta visita a París. El 26 de mayo de 1802, no cumplidos sus 19 años, se casa con María Teresa en Madrid y regresa a Venezuela. Es entonces cuando ocurre la terrible desgracia que va a pesar decisivamente sobre su destino futuro. El 22 de enero de 1803, apenas 8 meses después de su matrimonio, muere su esposa en Caracas.

Su regreso de Europa

Abatido y desesperado, Simón Bolívar regresa a Europa en octubre de 1803. Allí permanecerá por tres años y medio. En París encuentra a su antiguo maestro Simón Rodríguez, quien lo induce a leer obras fundamentales de la literatura política y filosófica de la época, especialmente Montesquieu, Rousseau, Voltaire y los grandes enciclopedistas. Y es entonces cuando se define su decisión de consagrarse a luchar por la Independencia de América Hispana. El 15 de agosto de 1805, en Roma, en presencia de Rodríguez jura consagrar su vida a esta empresa desmesurada y que parecía imposible.

—A fines de 1806,  regresa de Europa y se mezcla con algunos grupos que conspiran, particularmente a raíz de la invasión  de España por Napoleón y de la creación en la Península de las Juntas de resistencia al usurpador extranjero. Por estas actividades es confinado en 1808, junto con otros jóvenes distinguidos, a sus fincas del Tuy. Allí lo sorprende el 19 de abril de 1810, cercano a cumplir los 27 años.

En este punto comienza la vida pública de Bolívar. La Junta de Caracas lo designa para presidir la misión que, junto con Luis López Méndez y Andrés Bello como secretario, se dirige a Londres a explicar la situación y a buscar apoyo del gobierno británico. Se encuentra por primera vez con Francisco de Miranda y lo incita a venir a Venezuela.  El 3 de julio de 1811  Simón Bolívar pronuncia en la Sociedad Patriótica su primer discurso político. Poco después se incorpora como oficial a las fuerzas que dirige el general Miranda contra la insurrección que ha surgido en Valencia.

Miranda y Monteverde

Francisco de MIranda

En la organización que ordena Miranda para enfrentar la ofensiva de Domingo Monteverde es designado con el grado de coronel, comandante político militar de la plaza de Puerto Cabello. Por causa de una traición se pierde la fortaleza. Este inesperado fracaso que contribuye a la ruina  de la Primera República,  lo conturba y desespera y repercutirá profundamente en su conducta ulterior.

En la profunda confusión que sigue a la Capitulación de Miranda concurre con otros compañeros de armas a detenerlo en La Guaira y después de un mes de difícil y amenazante situación logra salir a Curazao el 27 de agosto y en octubre se traslada a Cartagena de Indias. Es a partir de entonces cuando Simón Bolívar comienza a revelar su verdadera dimensión humana. Se dirige al Congreso neogranadino ofreciendo sus servicios y lanza el primero de sus grandes documentos políticos: El Manifiesto de Cartagena. Allí describe las causas  de la pérdida de la República en Venezuela y establece las que va a ser las bases  de su pensamiento. 

Entró en acción militar en 1812. El 7 de mayo de 1813 obtiene autorización para invadir a Venezuela. Lo hace con soldados colombianos y venezolanos—recuérdese a Ricaurte y a Girardot—. Inicia la Campaña Admirable. En 3 meses de operaciones despliega sus condiciones de jefe militar.  Lanza su Proclama de Guerra a Muerte, en Trujillo (15 de junio) en una tentativa extrema  de darle un sentido nacional a la guerra. Hacer de la independencia una causa popular. En agosto entra en Caracas como general victorioso y jefe de la nueva situación política. En octubre de ese año la Municipalidad le da el título de Libertador.

Posteriormente surge la figura de José Tomás Boves en los llanos. Invade el centro y asola los pueblos. La situación grave que se presenta obliga  a abandonar Caracas y emigrar hacía el oriente. Esa heroica e infortunada tentativa concluye cuando Bolívar, desde Carúpano, sale casi solo para Cartagena. Poco después, con las reliquias del ejército que ha logrado llevar Urdaneta hasta Nueva Granada, el Libertador lucha de nuevo a las órdenes del gobierno neogranadino y en 8 meses de actividad sin tregua libera a Bogotá.

Simón Bolívar 1815 La carta de de Jamaica

El 8 de mayo de 1815 se embarca para Jamaica en busca de auxilio para emprender una nueva campaña. En Kingston, el 6 de septiembre escribe uno de los más grandes documentos de la historia y del pensamiento de Hispanoamérica. En esa Carta de Jamaica describe el más completo y deslumbrante panorama de la situación y del futuro del continente.

Pasa a Haití, donde se reúne con numerosos jefes venidos de la derrota. Consigue el apoyo generoso de Alejandro Petión para preparar una nueva campaña. Allí se le suma también, de un modo decisivo, con barcos y dinero, el armador de Curazao Luis Brión. Logra después de grandes discusiones con otros jefes patriotas  partir en la Expedición de los Cayos el 31 de marzo de 1816. Llega a Margarita el 3 de mayo y pasa casi de inmediato a tierra firme sin lograr consolidarse en Carúpano. Hace una incursión sobre Güiria y ante nuevas dificultades resuelve regresar a Haití en busca de nuevos recursos.

El 18 de diciembre de 1816 se embarca finalmente en la segunda expedición  que parte de Haití, llamada Expedición de Jacmel por haber salido de ese puerto y tropezará con nuevas dificultades. El ejército expedicionario español del general Pablo Morillo llegado en mayo de 1815 había tomado casi todo el territorio venezolano y sometido también a la Nueva Granada hacía mediados de 1816. Solo en la isla de Margarita, en algunos lugares de oriente y en los llanos de Apure y Casanare se mantenía la resistencia patriota.

El núcleo más importante era el de las fuerzas  que habían desembarcado con Simón Bolívar en Ocumare de la Costa  y que a fines de 1816 y comienzos de 1817 bajo la jefatura del general Manuel Piar se aprestaban a libertar a Guayana. No existía unidad de mando. Bolívar inicia la publicación del Correo del Orinoco en Angostura. Y convoca un Congreso para darle  una nueva y definitiva  organización al Estado que todavía disputa su derecho a existir en los campos de batalla. En un gesto supremo y trágico de afirmación de la unidad de mando y la disciplina hace fusilar al general Piar uno de los más distinguidos y meritorios jefes patriotas.

Angostura

El discurso de Angostura es un panorama penetrante y sincero de la situación del país y de las perspectivas de futuro. Señala como una necesidad la unión con la Nueva Granada y alerta contra la anarquía y el exceso ideológico. Exige la libertad de los esclavos y la garantía de la unidad.

“No hay documento comparable en la historia de la independencia continental y en lo esencial mantiene su validez”, apunta Uslar Pietri.

De Angostura Bolívar parte para el Apure y de manera rápida y sorpresiva inicia la campaña que a través de Los Andes lo llevará a enfrentar las tropas  que había dejado Morillo en el virreinato y a derrotarlas decisivamente en Boyacá (7 de agosto de 1819).

Libertada la Nueva Granada ha de convertirse en la base para vastos planes nunca abandonados: la liberación de Venezuela y la Campaña del Sur que lleve la independencia hasta los lindes del virreinato del Perú..

El Armisticio

Al cesar el armisticio Morillo regresa a la Península y queda al mando de las tropas realistas el mariscal de campo Miguel de la Torre. Simón Bolívar organiza cuidadosamente la campaña final en Venezuela. Concentra sus fuerzas en San Carlos y el 24 de junio de 1821 obtiene en la sabana de Carabobo, la rápida y definitiva victoria que sella la independencia de Venezuela.

El Congreso lo elige Presidente de Colombia y vicepresidente al general Francisco de Paula Santander. La estructura del nuevo Estado presentaba serias dificultades para su funcionamiento y contenía en germen la causa de muchas discordias.

Venezuela quedaba dividida en departamentos no vinculados los unos con los otros que dependían directamente de la capital en Bogotá., en la cual quedaba el vicepresidente Santander en el ejercicio de todas las atribuciones ejecutivas junto a los órganos centrales del gobierno: Gabinete, Congreso, Justicia, etc., mientras Bolívar, como Presidente en campaña, revestido de poderes especiales  se dirigía al Sur. Tres escenarios diferentes se configuraban. El de Venezuela, la retaguardia, mal incorporada a la nueva administración y con resistencias visibles; el de la Nueva Granada con el asiento del gobierno y con muchos obstáculos para centralizar y regularizar  la administración, y el del Sur, en el Ecuador y más tarde en el Perú, con Bolívar a la cabeza del ejército en una lejana y costosa campaña.

La Campaña del Sur

Simón Bolívar va a emprender la Campaña del Sur inmediatamente después de Carabobo. No lo acompañarán los grandes jefes  que se han distinguido en la guerra de Venezuela: Páez, Mariño, Rafael Urdaneta, sino hombres nuevos o menos conocidos: Antonio José de Sucre,  Juan José Flores, Bartolomé Salom, Manuel Valdés.

Un nuevo teatro va a abrirse en esta campaña: La población es predominantemente indígena, formada en las tradiciones de sumisión milenaria del imperio incaico, y sobre ella, a lo largo de los siglos coloniales, se había establecido una oligarquía tradicionalista y señorial. No se había producido allí nada parecido a la guerra popular que se desató en Venezuela.

A Bolívar se le veía como un peligroso revolucionario, representante de una rebelión popular y de formas bárbaras y elementales de poder. Para llevar por tierra el ejército hasta Ecuador, tropieza  con la desesperada y tenaz resistencia de los realistas de Pasto, mandados por el coronel Basilio García. Bolívar  procediendo con toda energía logra derrotarlo en Bomboná y  abrir el paso hacía el sur. Sucre consigue una victoria decisiva en la batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822) y luego Bolívar, con gesto audaz y previsivo, anexa a Guayaquil.

En el Perú están las fuerzas argentinas, chilenas y peruanas que comanda el general José de San Martín, que ha logrado invadir la costa del Perú y llegar a Lima. Pero San Martín y Bolívar no solo representaban dos fuerzas diferentes, sino dos concepciones políticas incompatibles. San Martín veía   con temor la amenaza de una revolución social en aquellas tierras y favorecía una forma de independencia negociada con España, que pudiera llegar a conservar la forma monárquica, siguiendo en cierto modo el ejemplo de Brasil.

Simón Bolívar representaba una revolución democrática que proclamaba la república, la libertad y la igualdad. En la entrevista que tienen en Guayaquil el 26 de julio de 1822, se pone de manifiesto esta disparidad de concepciones. No hay entendimiento y San Martín, en un gesto de altura, resuelve retirarse y dejar el campo abierto a la presencia de Bolívar.

El paso de los Andes

En avance a través de Los Andes derrota en la pampa de Junín, el 6 de agosto de 1824 al ejército de operaciones de la sierra que manda el general español José de Canterac, que debilita y pone a la defensiva al hasta entonces victorioso ejército real del Perú.

La dinámica de la acción militar lo lleva inexorablemente a una concepción política par el continente entero. Lo que se plantea en esos momentos no es la independencia del Perú, sino la organización futura de toda América del Sur, con la perspectiva de crear  una nueva y poderosa presencia en el panorama del mundo. Pero mientras más crece  el teatro y la magnitud de su empresa más se hacen sentir las incomprensiones y las resistencias en Colombia.

Se le regatean los refuerzos y los recursos, se critica su lejana acción. La actitud llega hasta el punto que el Congreso de Bogotá  le retira no solo los poderes extraordinarios como presidente en campaña que le había conferido sino hasta el mando mismo del ejército (decreto del 9-7-1824) Mientras él se mantiene organizando un ejército de reserva, Sucre queda con el mando de las fuerzas de la sierra. Después de una serie de hábiles movimientos y marchas los ejércitos del virrey y de Sucre se enfrentan el 9 de diciembre de 1824 en la alta meseta de Ayacucho. La victoria es total y definitiva. Ha concluido con ese triunfo la larga guerra de 14 años que Bolívar

Ha encabezado y mantenido por la libertad de su América.

Bolívar concibe entonces la formación de una nueva unidad política por medio de la confederación de un grupo de países americanos que comprenda a México, Centro América, Colombia, Perú, el Alto Perú, que pronto será Bolivia y Chile. Para esto convoca desde Lima el 7 de diciembre de 1824, el Congreso de Panamá que se reunirá en 1826. Pero no es esto lo que hace finalmente en su convocatoria el gobierno de Bogotá, que incluye la invitación a todos los países americanos, cambiando el sentido y el alcance de la concepción bolivariana.

En las viejas comarcas históricas en que estuvo el imperio español resurge el particularismo, el deseo de la autonomía propia y la incomprensión inevitable por el vasto designio político bolivariano. Los hombres que alcanzan el poder local a la sombra de la guerra sienten la autoridad de Bolívar como un estorbo.

Las primeras y más alarmantes señales de resquebrajamiento aparecen en su nativa Venezuela en el mismo año en que el Congreso de Panamá debía marcar la consolidación de sus ideales. Los descontentos con la unión colombiana rodean a Páez, cuya autoridad ha crecido de manera avasalladora en Venezuela, y aprovechan un incidente surgido con el gobierno de Bogotá para llevar la situación  a un grave punto de ruptura y desconocimiento.

En la Nueva Granada se ha ido formando un núcleo de resistencia antibolivariana en torno al vicepresidente Santander. Esperan que Bolívar aplaste la insubordinación de Páez en Venezuela. Este regresa a Bogotá donde encuentra abiertas señales de discordia y división y vuelve a Venezuela, después de cinco años de ausencia. Será la última visita a su tierra natal. Con el enorme peso de su autoridad y en una delicada mezcla de firmeza y tolerancia, que disgusta a Bogotá, logra apaciguar a Páez y a sus amigos y evitar la ruptura y acaso la guerra civil.

La Convención de Ocaña

Se inicia la etapa final de su vida, la más trágica e ingrata. Convoca a una Convención en Ocaña en 1828. Lejos de alcanzar una reconciliación entre las facciones, surge abiertamente una violenta agrupación antibolivariana que no vacila en calificarlo de tirano y de obstáculo a la felicidad de los pueblos. Regresa a Bogotá para asumir la dictadura, con el propósito de defender la estructura política. El 25 de septiembre están a punto de asesinarlo en el Palacio de Gobierno. Ha envejecido prematuramente.

Para 1830 convoca un congreso constituyente en Bogotá. En las palabras que dirige a los diputados se reflejan sus sentimientos de desesperanza y angustia. Avizora un porvenir sombrío y ve amenazada de ruina completa la gran obra que se había propuesto crear. “La independencia, les dice,  es el único bien que hemos alcanzado a costa de todos los demás”…Renuncia ante el Congreso y se retira a Cartagena, allí, el 10 de julio recibe la horrible noticia del asesinato de Sucre en Berruecos. La última esperanza ha desaparecido. El Congreso reunido en Venezuela, bajo la tutela de Páez, proclama la separación definitiva. En los debates se le injuria y maltrata sin el menor respeto. Se llega a pedir que se le expulse del territorio colombiano como condición previa para cualquier entendimiento futuro.

Su decisión definitiva está tomada. Escribe cartas y documentos que reflejan dolorosamente su amargura y desengaño. Piensa marcharse a Europa a cuidar su maltrecha salud. No lo podrá lograr. El primero de diciembre está en Santa Marta, el 6 se traslada a la quinta San Pedro Alejandrino. El mal se agrava y para los que lo rodean se hace evidente que no podrá sobrevivir. Hace testamento disponiendo de los escasos bienes que le quedan. Lanza su última proclama, que es un llamado desgarrador a la unión y muere el 17 de diciembre de 1830 a la una y siete minutos de la tarde. Tenía 47 años de edad. En 1842 sus restos fueron trasladados y sepultados en la capilla de la familia Bolívar en la Catedral de Caracas. Más tarde, el 28 de octubre de 1876 fueron inhumados en el Panteón Nacional.”

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